Biografía contada por Emiro Garzón


Emiro Garzon
Maestro Emiro Garzón, escultor colombiano

Primeros años

El maestro Emiro Garzón Correa nació el 7 de mayo de 1950 en medio de la selva caqueteña, en la ribera  del río de Aguas Calientes, límite entre Morelia y Belén de los Andaquies un pueblo de colonizadores. Su padre Víctor Manuel Garzón Galvis de origen caldense,  su madre Flor Ángela Correa de Gigante Huila. Sus dos hermanos Noralba Garzón y Hugo Garzón todo el linaje.


Un niño inquieto  que da sus primeros pasos en la selva virgen en medio de los animales del monte.  Pero, por las vicisitudes de la vida, los padres se separan y la madre decide dar por muerto al padre de sus hijos ante la sociedad y la familia, siendo los niños muy pequeños, tanto que Emiro solo tiene dos años de edad. Se desplazan al Huila.

La familia llega a Yaguará. El señor Mario Trujillo y doña Elvira Perdomo le ofrecen empleo a mi madre y empieza a trabajar en la Hacienda el Pedernal, una casa con arquitectura de hacienda española grande y llena de mucha labor por hacer.  Ya para esa época con 3 años, el maestro  algo recuerda, de su temprana inspiración. “Doña Elvira, una mujer de tez blanca, con carácter de voz de mando, de mediana estatura y nalgas abultadas era nuestra patrona, toda una autoridad. Su imagen viajará conmigo durante muchos años, será mi referente cuando comience a modelar mujeres” cuenta de esos años Emiro Garzón.

“En la Hacienda el Pedernal mi madre conoció a Manuel Cardozo, vaquero recio y analfabeto, de gran nobleza. Los patrones los patrocinan y ellos se casan;  a mí me hacen confirmar en la iglesia, y el padrino es uno de los hijos de los patrones, Ramiro, con los años seria mi patrón en la finca, Los Olivos. Luego envían a mi familia de mayordomos para la finca La Argentina en el municipio de Iquira. Tenía tres años y medio cuando   conocí los paisajes de esta finca.

Que paisajes: recuerdo al lado del río Macury, de piedras naturales gigantes con caras de Jaguares y monstruos, charcos  de agua oscuros y mitológicos. Piedras escondidas en el agua de rostros e imágenes recreadas por mí.  En esta finca había mucha ganadería, buenas yeguas y caballos de vaquería, fueron los años más maravillosos de mi infancia. Allá me conocí como ser vivo”.

Pronto la familia se gana el respeto y el aprecio de la gente sensible y buena de este poblado. En esta región la base económica es la ganadería y aquí pasa Emiro un buen tiempo. Motivado por su madre, continúa su proceso académico. “Mi madre formó una escuelita para nosotros y los vecinos, pues en esa época, a los gobiernos muy poco les interesaba llevar la educación a los campos.  Mucha matemática, lectura y planas de escritura siguiendo las enseñanzas de la popular cartilla Alegría de leer”…

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