Presentación de Emiro Garzón por Miguel de León

Emiro Garzón Correa y Laura Celene Garzón Herrera, su hija menor.

El maestro Emiro Garzón Correa nació el 7 de mayo de 1950 en la ribera del río Aguas Calientes, en Límite de Morelia y Belén de los Andaquíes, y bautizado en este municipio del Caquetá. Desde 1974, viene mostrando su obra en un proceso depurado que corre paralelo al desarrollo de la región. Hoy, es uno de los escultores y dibujantes más representativos de Colombia. Al comienzo, la piedra fue su elemento y el cincel el encargado de organizar los volúmenes. Hasta llegar a la limpieza de la cera perdida, de donde surgen bronces monumentales.
El alma de su obra, es el mundo del obrero, con su pobreza y rebeldía. Y de ese mundo vital, surgen las mujeres sencillas y exuberantes a la vez, trabajando en los oficios cotidianos.

En su búsqueda inicial, se encontró con los maestros universales. “La primera etapa de mi vida, como estaba entregado a la parte social, la parte comprometida de la vida y en esos cambios los que queríamos muchos de los que estudiábamos, estábamos luchando por aportar algo.

Retomábamos a Guayasamín, a Picasso, con su obra Guernica. Luego, uno se va adentrando con artistas como Henry Moore” Y justamente los grandes maestros lo llevan a encontrarse. “Descubro que nosotros teníamos un lenguaje propio; las culturas precolombinas. Entonces yo hago al inicio, mucho primitivismo retomando una parte de esa cultura”.

Es una obra sincera moldeada por las manos inquietas de un hombre de campo, con profundas raíces en nuestro Alto Magdalena, pero a su vez, cargadas de elementos universales. “De pronto, la violencia se acrecienta en Colombia, yo estoy en Bogotá y veo las bombas en las avenidas.

Yo había hecho unas obras muy contestatarias contra el gobierno, como el comunero en Neiva, primer comunero dramático y muy fuerte, entonces me doy cuenta que había que aportarle al país algo...” es cuando nace su obra pública como un aporte a nuestra patria bañada por el dolor y la violencia.


Entonces, su obra sale de museos y galerías y propone obras públicas en pueblos y ciudades. En el municipio de Hobo, en Garzón, en Belén de los Andaquíes, pero igual en Bogotá y Neiva. Casi media centena de obras reflejan su preocupación social. “Así se van dando todas las obras públicas, como la de la Universidad Surcolombiana, en la Facultad de Salud, esa obra es muy humanista, un canto a la vida, porque es un país bastante violento y eso es lo único que encaja para medio frenar visualmente las noticias y lo que sucede” Y al final, se regresa al comienzo, al gusto por la curva y por los volúmenes plenos de esos pequeños bronces que llenan su taller.

Hoy, Emiro Garzón se concentra con sus obras y sus proyectos en La Jagua, que considera el pueblo natural, tradicional y arquitectónico del Huila. “Aquí hay tranquilidad y en mi caso aquí necesito producir y tener tranquilidad para crear”, dice, además califica a La Jagua como un verdadero embrujo. Ya en la recta definitiva de su obra, considera que debe seguir creando hasta que pueda respirar. Y este libro da testimonio del más original de los escultores contemporáneos de la región.

Miguel De León

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